Viernes, 28 de agosto de 2026
«Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía.» Salmos 133:1
En 1914, Ernest Shackleton llevo 27 hombres a una de las expediciones más peligrosas de la historia: cruzar la Antártida. El barco fue aplastado por el hielo y nunca llegaron a su destino. Pasaron 22 meses varados en el hielo y luego en botes salvavidas, con temperaturas de 50 grados bajo cero. Sin embargo, lo que los historiadores documentan no es solo la supervivencia es la extraordinaria unidad que Shackleton mantuvo entre su tripulación durante esos 22 meses. No hubo amotinamientos, no hubo asesinatos, no hubo abandono de nadie. Shackleton regreso con los 27 hombres vivos. Le preguntaron como lo logro. Respondió: «Nunca permití que la división echara raíces. La unidad no es un lujo en condiciones extremas es la condición de sobrevivir.»
El Salmo 133 es uno de los más cortos de la Biblia son solo tres versículos pero su imagen es poderosa: la unidad entre hermanos es como el roció del Hermon, como el aceite que baja de la cabeza de Aaron hasta sus vestiduras. Es fragante, es abundante, es vida. Y David la describe con dos palabras que pocas veces van juntas en la experiencia humana: bueno y delicioso. La unidad no es solo moralmente correcta es deleitable. Produce algo que el aislamiento nunca puede generar.
La unidad cristiana no es uniformidad, no requiere que todos piensen igual en todo. Es la capacidad de mantenerse juntos alrededor de lo esencial mientras se navegan con gracia las diferencias en lo secundario. Jesús oro por ella en Juan 17 con una urgencia que revela su importancia: «para que el mundo crea.» La unidad de la iglesia no es solo una cuestión interna, es el argumento más poderoso del evangelio ante el mundo.
¿Hay alguna relación en tu comunidad de fe que has dejado deteriorarse o una tensión que has ignorado, una ofensa que no has resuelto, una distancia que ha crecido por falta de atención? La división rara vez llega como explosión, llega como enfriamiento gradual. Hoy es un buen día para dar el paso hacia la unidad, aunque sea incomodo.
Recuerda: «La unidad de la iglesia no es un ideal romántico al contrario es el testimonio más poderoso que el mundo puede ver.»
Oremos: Señor y Dios , Tu oraste por nuestra unidad. Ayúdame a ser un constructor de puentes, no de muros. Que en mi vida y en mi iglesia la unidad sea más que un valor declarado que sea una realidad vivida. En el nombre de Jesús. Amen.