Devocional 128  —  Vencer

Lunes, 31 de agosto de 2026

«En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» Juan 16:33

Louis Zamperini fue un olímpico estadounidense que sobrevivió 47 días a la deriva en el Océano Pacifico después de que su avión fuera derribado en la Segunda Guerra Mundial y luego dos años de brutales campos de prisioneros japoneses. Su historia, inmortalizada en el libro Sin rendirse, es un catálogo de sufrimiento que desafía la comprensión. Pero lo que hace su historia verdaderamente extraordinaria no es que sobrevivió es lo que hizo después. Zamperini regreso a Japón y perdono personalmente a sus torturadores. El hombre que tenía todas las razones para ser destruido por dentro eligió vencer no con los puños, sino con el perdón. Ese es el tipo de victoria que el mundo no puede producir.

Jesús pronuncio Juan 16:33 pocas horas antes de ser arrestado, torturado y crucificado. Lo dijo en tiempo pasado: «yo he vencido.» Como si ya estuviera hecho. Porque en la perspectiva de Dios, estaba hecho. La victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mundo no es una posibilidad futura es una realidad presente sobre la que el creyente puede pararse ahora mismo. No esperamos vencer  vivimos desde la victoria ya ganada.

Pero Jesús no promete que no habrá aflicción promete que la aflicción no tendrá la última palabra. «En el mundo tendréis aflicción» sin condiciones, sin excepciones. La pregunta no es si el creyente sufrirá. La pregunta es si sufrirá como vencedor o como víctima. La diferencia no está en las circunstancias está en donde está parado cuando las circunstancias llegan.

¿Hay algo que hoy sientes que te está venciendo una situación, un habito, una relación, una emoción? La promesa de Jesús no es que desaparecerá de inmediato. Es que El ya gano, y que en El tienes acceso a esa victoria. No como formula si no como relación. El que venció al mundo vive en ti.

Recuerda: «No peleas para ganar peleas desde la victoria que Cristo ya gano. Esa diferencia lo cambia todo.»

Oremos: Señor y Dios , Tú has vencido al mundo. Que esa verdad no sea solo teología que sea la base desde la que enfrento cada batalla de hoy. En Ti soy más que vencedor. En el nombre de Jesús. Amen.

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