
Devocional 123 – El Trabajo
Devocional 123 — El Trabajo
Miércoles, 26 de agosto de 2026
«Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.» Colosenses 3:23
Johann Sebastián Bach no era el musico más famoso de su época ya que en vida, fue opacado por otros compositores. Pero había algo que distinguía cada partitura que salía de su mano: al final de cada obra escribía las mismas tres letras, «S.D.G.» que quiere decir: “ Soli Deo Gloria. Solo a Dios la gloria”. Bach componía para una audiencia de uno y no para el aplauso del público ni para el reconocimiento de los críticos , era solo para Dios. Y esa perspectiva transformo lo que pudo haber sido trabajo ordinario de organista de iglesia en 1,100 obras que el mundo no ha podido olvidar en tres siglos. Cuando el trabajo se hace para la audiencia correcta, cambia de naturaleza.
Pablo escribe Colosenses 3:23 a personas que en muchos casos eran esclavos haciendo tareas que nunca habrían elegido, en condiciones que no controlaban, sin reconocimiento ni pago justo. Y les dice: hagan todo de corazón, como para el Señor. No como resignación estoica si no como reencuadre radical. Si el destinatario real de tu trabajo es Dios, entonces ninguna tarea es insignificante. El que lava los platos para Dios lava con excelencia. El que cuida niños para Dios cuida con ternura. El que escribe código para Dios escribe con precisión.
El trabajo fue parte del diseño original de Dios antes del pecado y no es consecuencia de la caída sino parte de la imagen de Dios en el ser humano. Dios trabaja (Juan 5:17) y creo seres a Su imagen que trabajaran también. El problema no es el trabajo si no es a quien lo dirigimos. Cuando el trabajo se convierte en ídolo, nos esclaviza. Cuando se convierte en adoración, nos libera. La diferencia no está en el tipo de trabajo está en el corazón con que lo hacemos.
¿Como llevas hoy tu trabajo como una obligación que cumples o como una ofrenda que presentas? La próxima vez que enfrentes una tarea que parece debajo de tu nivel, o aburrida, o sin reconocimiento, recuerda: hay un Público que ve todo lo que haces. Y ese Publico no evalúa por el tamaño de la tarea evalúa por la fidelidad del corazón.
Recuerda: «No existe trabajo insignificante cuando se hace para la gloria de Dios. La excelencia en lo ordinario es adoración.»
Oremos: Señor Dios , hoy te entrego mi trabajo y las tareas que me gustan y las que no, las que se ven y las que nadie nota. Que todo lo que haga sea una ofrenda digna de Ti. En el nombre de Jesús. Amen.


