EL AMOR SE ACERCA AL DOLOR DE LOS DEMÁS

Viernes 18 de septiembre de 2026

Salmo 103:13«Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen.»

Cuando más necesitan nuestro corazón

Una niña llegó a casa llorando después de un día difícil en la escuela. Había sido rechazada por algunas compañeras y se sentía sola. Su madre pudo haber minimizado el problema diciendo: “No es para tanto” o “Ya se te pasará”.

Sin embargo, en lugar de eso, se sentó a su lado, la escuchó atentamente, secó sus lágrimas y oró con ella.

El problema no desapareció de inmediato, pero la niña descubrió algo valioso: cuando la vida duele, hay alguien que está dispuesto a caminar a su lado.

Eso es compasión.

El amor se acerca al dolor de los demás

Todos enfrentamos momentos de tristeza, temor, fracaso o desilusión. Nuestros hijos no son la excepción. Aunque los amemos y procuremos protegerlos, no podremos evitar que atraviesen dificultades.

Sin embargo, sí podemos decidir cómo responder cuando esas dificultades lleguen.

La compasión es mucho más que sentir lástima por alguien. Es identificarse con su dolor, interesarse por sus luchas y estar dispuesto a ayudar. Es acercarse en lugar de alejarse. Es escuchar en lugar de ignorar. Es acompañar en lugar de abandonar.

Dios mismo se presenta como un Padre compasivo. Él conoce nuestras debilidades, entiende nuestras cargas y se acerca a nosotros con misericordia cuando sufrimos. El salmista declara que, así como un padre se compadece de sus hijos, también el Señor se compadece de los que le temen.

Jesús fue el ejemplo perfecto de esta clase de amor. Se compadeció de los cansados, de los confundidos, de los enfermos, de los afligidos y de los pecadores. Nunca fue indiferente al dolor humano. Siempre estuvo dispuesto a extender Su mano para ayudar, consolar y restaurar.

Nuestros hijos necesitan saber que pueden acudir a nosotros cuando enfrenten problemas. Necesitan encontrar un refugio seguro donde expresar sus temores, sus dudas y sus luchas sin miedo al rechazo.

Cuando respondemos con compasión, fortalecemos el vínculo con ellos y reflejamos el corazón de Dios. Les enseñamos que no tienen que cargar solos sus preocupaciones y que siempre encontrarán amor y apoyo en su familia. Escucha hoy con mayor atención a tus hijos. Interésate genuinamente por lo que sienten y por las cargas que están llevando.

Antes de ofrecer una solución, procura comprender su corazón. A veces, una escucha amorosa puede ser tan valiosa como un consejo sabio.

Recuerda

El amor verdadero no ignora el dolor de los demás; se acerca, escucha y ayuda a llevar la carga.

Oremos

Padre celestial, gracias porque eres un Dios lleno de compasión y misericordia. Gracias porque conoces mis luchas y nunca me abandonas en medio de ellas. Ayúdame a reflejar tu corazón en mi relación con mis hijos y con las personas que me rodean. Dame sensibilidad para escuchar, paciencia para comprender y disposición para ayudar. Que puedan encontrar en mí un refugio seguro y un reflejo de tu amor. En el precioso nombre de Jesús. Amén

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