Domingo 20 de septiembre de 2026
«Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.» Efesios 4:32
Se cuenta la historia de dos amigos que caminaban juntos por el desierto. Durante el viaje tuvieron una discusión y uno de ellos golpeó al otro. El herido escribió en la arena: «Hoy mi mejor amigo me lastimó». Más tarde, al cruzar un oasis, el mismo amigo que había sido golpeado cayó en un lugar peligroso, pero su compañero lo rescató. Entonces tomó una roca y escribió: «Hoy mi mejor amigo me salvó la vida».
Cuando le preguntaron por qué escribió una ofensa en la arena y un favor en la piedra, respondió: «Las heridas debemos escribirlas donde el viento del perdón pueda borrarlas, pero la bondad debemos grabarla donde nunca sea olvidada».
El perdón es una de las expresiones más poderosas del amor verdadero. Amar no significa ignorar el pecado ni justificar la ofensa, sino decidir responder con la gracia que hemos recibido de Dios.
Pablo enseña que el fundamento de nuestro perdón hacia otros es el perdón que Cristo nos otorgó en la cruz. Cuando recordamos cuánto hemos sido perdonados, encontramos la motivación y la capacidad para extender misericordia a quienes nos han herido.
La falta de perdón produce amargura, resentimiento y división. En cambio, el perdón libera el corazón y permite que el amor florezca. No siempre elimina las consecuencias de una ofensa ni restaura inmediatamente la confianza, pero sí rompe las cadenas del rencor y abre el camino para la sanidad espiritual.
Jesús mismo nos dio el mayor ejemplo al perdonar a quienes le crucificaban. Su amor no dependía de las circunstancias ni de la respuesta de las personas. Era un amor que reflejaba perfectamente el corazón del Padre.
Examine su corazón delante de Dios. ¿Existe alguna persona a quien aún no ha perdonado completamente?
Pida al Señor que le ayude a recordar la gracia recibida en Cristo y tome la decisión de perdonar. Aunque las emociones puedan tardar en alinearse, la obediencia comienza con una decisión basada en la verdad de la Palabra de Dios.
Busque también restaurar relaciones cuando sea posible y dependa del Espíritu Santo para vencer toda raíz de amargura.
Recuerda: El amor verdadero no guarda una lista de ofensas; extiende el mismo perdón que ha recibido de Cristo.
Padre celestial, gracias porque en Cristo has perdonado todos mis pecados. Reconozco que muchas veces me cuesta perdonar a quienes me han herido. Ayúdame a reflejar Tu amor y Tu misericordia. Quita toda amargura de mi corazón y dame la gracia para perdonar como Tú me has perdonado. Que mi vida sea un testimonio del poder transformador de Tu amor. En el nombre de Jesús. Amén.