Devocional 122 — La Tentación

Martes, 25 de agosto de 2026
«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejara ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida.» 1 Corintios 10:13
En 1809, durante su encarcelamiento en la prisión de Erfurt, Napoleon Bonaparte recibió la visita de Johanna Schopenhauer, madre del filósofo. Ella le pregunto cómo soportaba el aislamiento. Napoleon respondió con algo inesperado: «La mente no puede ser encarcelada si la alimentas correctamente. Mis peores batallas no fueron en los campos de Europa fueron aquí adentro.» Y señaló su cabeza. El hombre que conquisto continentes enteros confeso que la batalla interior era la más difícil. La tentación no comienza en el exterior comienza en el pensamiento y quien aprende a gobernar su mente, aprende a gobernar su vida.
Pablo escribe 1 Corintios 10:13 con una promesa que muchos conocen, pero pocos aplican en el momento crítico: Dios siempre provee una salida. No dice que la tentación no llegara pues llegara. No dice que será fácil resistirla pues no lo será. Pero dice algo que lo cambia todo: junto con la tentación vendrá la salida. El problema no es que la salida no exista. El problema es que en el momento de la tentación rara vez la buscamos y es porque parte de nosotros no quiere encontrarla.
El escape de la tentación casi nunca es dramático. Generalmente requiere decisiones previas: a que lugares no ir, que contenido no consumir, con quien no estar, que conversación cortar antes de que avance. La salida que Dios provee requiere que nos movamos hacia ella. El abre la puerta, pero nosotros tenemos que caminar. Y la mayoría de las victorias sobre la tentación no ocurren en el momento del impulso ocurren en las decisiones preventivas que tomamos antes de llegar ahí.
¿Hay una tentación recurrente en tu vida ante la que te has rendido tantas veces que ya dejaste de buscar la salida? Dios no te ha abandonado en esa lucha. Hoy, antes de ceder, detente un segundo y pide: «Señor, muéstrame la salida.» Y luego ten la valentía de tomarla, aunque cueste.
Recuerda: «Dios nunca cierra una trampa sin abrir una puerta. La salida siempre existe el problema es si la buscas de verdad.»
Oremos: Señor y Dios , en el momento de la tentación dame ojos para ver la salida que Tu provees y valentía para tomarla. Que no justifique lo que Tu ya condeno. En el nombre de Jesús. Amen.

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